Beneficios del amaranto en la salud
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El amaranto es una de esas semillas que casi nadie voltea a ver en el el supermercado, pero que ha alimentado a México desde antes de la Conquista. Detrás de ese grano pequeño y crujiente hay uno de los perfiles nutricionales más completos entre los pseudocereales, con beneficios que van mucho más allá de "ser tradicional".
Si te interesa este ingrediente aplicado a un antojo real, ya escribimos sobre amaranto con chocolate, donde profundizamos en la versión sin azúcar de este dulce tradicional. Aquí nos vamos a enfocar en lo que la ciencia dice sobre el amaranto como alimento, sus beneficios y cómo aprovecharlos mejor.
Beneficios nutricionales del amaranto
Según el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), la variedad mexicana de amaranto aporta entre 16 y 18% de proteína y alrededor de 8% de fibra dietética por cada 100 gramos, además de minerales como calcio, hierro, magnesio y zinc. Es también una fuente notable de fenoles y compuestos antioxidantes, que ayudan a combatir el daño celular asociado al envejecimiento y a distintas enfermedades crónicas.
A esto se le suma que el amaranto es naturalmente libre de gluten, lo que lo hace apto para personas con enfermedad celiaca o sensibilidad al gluten, algo que no todos los cereales tradicionales pueden ofrecer.
Amaranto proteína: por qué se compara con la carne
Uno de los datos que más sorprende sobre el amaranto es su calidad de proteína. Investigadores de la Facultad de Ingeniería Química de la BUAP encontraron que el amaranto aporta hasta 4% más proteína que el maíz, el trigo o el arroz, y que es particularmente rico en lisina, un aminoácido esencial que la mayoría de los granos apenas contiene.
Pero no es solo cantidad, también es calidad. Según Quali, especialistas en alimentos de amaranto, la proteína del amaranto tiene una calificación química de entre 81 y 90 según los parámetros de la FAO, valores cercanos a los de una proteína de origen animal, y su digestibilidad tostada alcanza hasta el 90%, superior a la del maíz, el trigo o la soya. Por eso, en dietas vegetarianas o con bajo consumo de carne, el amaranto puede jugar un papel importante como fuente de aminoácidos esenciales.
¿Cómo se debe consumir el amaranto?
El amaranto es de las semillas más versátiles de la cocina mexicana. Se puede comer inflado (como en las alegrías tradicionales), en harina para hot cakes, panqués o pan casero, cocido como atole, espolvoreado sobre yogur o fruta, mezclado en granola, o cubierto de chocolate en forma de snack. También se consume germinado o como parte de galletas y barras energéticas.
Lo importante no es tanto la forma en que lo comas, sino con qué lo combinas. Si va bañado en piloncillo, miel o azúcar de mesa, pierde gran parte de su perfil saludable, porque el jarabe termina aportando más azúcar que la semilla en sí misma. En cuanto a porción, un puño (aproximadamente 25 a 30 gramos) es suficiente para aprovechar su proteína y fibra sin pasarte de calorías.

Bites de Amaranto - Chocolate con Leche
El crujiente del amaranto tostado envuelto en chocolate con leche, sin azúcares añadidos. Tu antojito de siempre, sin culpa.
¿Qué enfermedades previene el amaranto?
Ningún alimento previene enfermedades por sí solo, pero el perfil nutricional del amaranto sí aporta en varios frentes cuando se incluye de forma regular en la dieta. Su contenido de fibra ayuda a mejorar el tránsito intestinal y a mantener niveles más estables de glucosa después de comer, algo relevante para quienes cuidan su riesgo de diabetes tipo 2. Su aporte de hierro contribuye a prevenir la anemia, mientras que el calcio y el magnesio apoyan la salud ósea.
Los compuestos antioxidantes del amaranto, como los fenoles y el escualeno, también se han relacionado con una mejor salud cardiovascular, ayudando a mantener niveles de colesterol más equilibrados. Y al ser libre de gluten, es una alternativa segura para quienes padecen enfermedad celiaca, sin tener que sacrificar el aporte nutricional que sí ofrecen otros cereales con gluten.
En conclusión
El amaranto no es solo un ingrediente nostálgico de la cocina mexicana, es una de las semillas con mejor perfil nutricional que tenemos a la mano: alta en proteína de buena calidad, rica en fibra, minerales y antioxidantes, y naturalmente libre de gluten. La clave está en cómo lo consumes: entre más cerca de su forma natural, sin cargarlo de azúcar, más beneficios reales le vas a sacar.